La Piedad está en la calle

Una reflexión de Fernando Ornat.

No hagas caso, esto no se para. No hagas caso, nada va a cambiar. No hagas caso, nada está suspendido. Tal vez para otros, nunca para un cofrade de la Madre. Nosotros sabemos que este año, cuando la última campanada del Pilar anuncie la medianoche del Jueves que da paso a la gloriosa madrugada del Viernes Santo, la Piedad estará en la calle. Una vez más, otro año más. No hagas caso, no le des crédito a noticias tristes ni a chismes agoreros. Este año, cuando tú sabes que tiene que suceder: sucederá. La Piedad está en la calle. Nada nos detiene, nada se anula para nosotros, nada se suspende para un cofrade de Nuestra Señora. Porque para nosotros, sus hijos, la Piedad está siempre en la calle, la llevamos dentro. No hace falta ir a buscarla. No es necesario ir a verla. Ni siquiera precisamos sacarla. Ella está siempre, nos une, nos muestra el camino, nos da fuerzas, nos acoge, nos protege. La Piedad vive en nosotros. La Piedad vive con nosotros. La Piedad no es una talla artística. Eso sirve para quien ande algo perdido, extraviado. Pero nosotros, sus cofrades, sabemos que la Piedad es mucho más: un sentimiento, una forma de vivir y de morir, una manera de comportarse, de encarar la vida, de entregarse a los demás. La Piedad es la cofradía del amor. Y es caridad y fraternidad y desprendimiento y solidaridad y apasionamiento y confianza y amistad y compañía… La Piedad son sus cofrades, sus hermanos, su gente, sus familias. La Piedad, abre los ojos, es  mucho más que una procesión, que el Jueves Santo, que las cero horas, que su hábito y sus atributos. La Piedad eres tú, la Piedad es el hermano que desfila a tu lado, el cofrade al que abrazas en la calle, el desconocido al que ayudas sin preguntar. La Piedad somos nosotros. Nosotros somos la Piedad. La Piedad vive en cada uno de los hermanos que han vestido su blanca librea a lo largo de ochenta y tres semanas santas. Y eso no hay fuerza que lo cambie. Por eso, oigas lo que oigas, leas lo que leas, no hagas caso. No debes estar triste. Pese a las dificultades de estos días, pese a las nubes que se ciernen en el horizonte, levanta la cabeza y sonríe porque eres un hermano de la Piedad. Y eso es maravilloso. Porque la Piedad es la alegría de caminar por la vida sabiendo hacia dónde vamos, sabiendo de dónde venimos, sabiendo quiénes somos. Mientras haya un cofrade vivo, la Piedad estará en la calle permanentemente. Nadie la suspende, ni la aplaza, ni la desconvoca. Lejos de eso, camina con nosotros, vive en nosotros desde hace ochenta y tres maravillosos años. Desde aquel lejano día primaveral de marzo, la cofradía de la Piedad son sus cofrades. Somos nosotros quienes hacemos posible el milagro sostenido durante generaciones de que la Piedad esté en la calle. Y eso no lo cambiará nunca nadie, ni siquiera en este año malhadado. No hagas caso, vamos a estar en la calle siempre. Somos la Piedad.

Fernando Ornat