Oración del hermano mínimo

Caminando hacia el Viernes Santo, verso a verso.
Viernes 20 de marzo de 2020.
Oración del hermano mínimo

Una vez más, ¡oh, Madre!, vigilaré tu angustia,
la de los siete dardos del corazón clavados,
la del dolor del Hijo que en tus brazos se mustia
derramando perfumes y lavando pecados.

Soy el hermano mínimo, lo sabes bien, Señora.
Bajo el hábito blanco que me sirve de escudo,
ensaya muchas veces su danza pecadora
el hábito doliente de ofenderte a menudo.

Que no, que no merezco la generosa audiencia
que le das a mi barro, tantas veces quebrado,
de custodiar tu duelo, de pedir tu indulgencia,
de mirarte a los ojos, de marchar a tu lado.

¡Si al menos se anunciase gozosa de verdades,
y brotase en mis ojos, y creciese en mis manos
esta larga penumbra de mis debilidades,
y así, torpe y desnuda, la viesen mis hermanos!

Pero no: tú la ocultas. He sorprendido el trance
generoso y solemne de tus renuncias
y me va redimiendo, mientras velo tu avance,
esa clara y radiante maternidad que anuncias. 

¡Qué bien hago en ceñirme al dolor de tu drama
y a los pliegues sumisos de tu luto y tu manto!
He escogido el momento en el que el Hijo derrama
su absolución entera, para aliviar tu llanto.

He acertado la hora: la de tus soledades.
El Ecce, Mater tua que inicias, te aguijona,
y te hace medianera de todas mis maldades,
ante el lirio tronchado que en tus haldas perdona.

He acertado la hora: cuando dócil al ruego, 
olvidándolo todo, te aproximas a mí, 
porque ya tienen cauce las lágrimas de fuego
que te inundan el alma en Getsemaní.

¡Ah, qué bien marcho, Madre, bajo tu sombra pura,
llenando un rinconcillo paralelo a tu vía,
y aprendiendo dolores en la gran amargura 
de sentirte tan sola, bajo la Cruz vacía!

Si, Reina, aunque te duelas de mi mérito escaso;
mientras viertes tu llanto sobre el Hijo en la cumbre,
porque quemes mis faltas… porque alumbre tu paso…,
para el mínimo hermano… ¡un poquito de lumbre!


Poema anónimo, presentado a nuestro concurso literario del año 1948.