Heraldillo de la Piedad

Caminando hacia el Viernes Santo, verso a verso.
Viernes 3 de abril de 2020.
Heraldillo de la Piedad

¡Por aquí, Coronela!
Sin lastimarte.
La noche se desvela
para velarte…
¡Las doce suenan!
Esta es la hora divina
de los que penan.

Blanquiazul es el velo
de mi persona,
y azul y blanco el Cielo
que te corona.
El Sol herido,
sobre el limpio regazo
se te ha dormido.

Adelante Señora,
que el viento es puro,
y el corazón te llora
sobre seguro…
Luz de mis ojos:
¡Hasta las rebeldías
están de hinojos!

Te llama el pueblo mío,
¿no oyes las voces?
estamos junto al río
que ya  conoces,
el de tu pena
lo está bordando ahora
la Magdalena.

Los ojos ateridos
el hambre antigua,
¡todo ante el Sol vencido
se te santigua!
Esta es la hora
de las sinceridades…
¡Esta Señora!

Aunque el aire es divino
y es la luz bella,
qué estrecho es el camino,
¿verdad Doncella?
¡Cómo está el valle!
¡Qué lágrimas tan limpias
riegan las calles!

¡Ay, de los que no adoren
este portento!
¡Ay, de los que no lloren
este momento!
¡Ay, de la nieve,
que la miman dos Soles
y aun no se atreve!

Si por las siete heridas
viene sangrando:
vosotras, desvalidas,
¿qué estáis pensando…?
Tras de mí llega,
la palma florecida
que nada niega.

Decidle ahora conmigo:
“Qué Piedad das”,
mientras le brinda abrigo
San Nicolás.
Decir querrían,
pero les da reparo,
Virgen María.

Para el alma en martirio,
breve es la noche,
pero es hidalgo el lirio
de tu derroche.
Si Tú quisieras,
¡cuánto dolor vencido
por las aceras!

¡Luz de mi Cofradía!
¡Flor de mi llanto!
¡Tú, la esperanza mía
del Viernes Santo!

Hacia la cumbre,
con trescientos hermanos
te doy mi lumbre.

Emilio Lalinde. Primer Premio del concurso literario convocado por la Cofradía en 1951.