Jornada decimocuarta

(Decimocuarta Estación) Bajo la tierra. Lc. 23,50-56.

Un hombre bueno y justo, se expone pidiendo que le dejen enterrar el cuerpo de Jesús. Lo hace en un sepulcro de roca, silencioso, oscuro… y lo hace junto a las mujeres, con mimo, en silencio, cuidando los detalles, despacio, con calma. Es como si quisieran alargar con ello la vida del Mesías, pero el Hijo de Dios está vivo, quizá lo presienten y permanecen allí, acompañándole expectantes.

El arte de hacer bien las cosas pequeñas y las grandes, de poner mimo en todo, incluso en los momentos más difíciles, como durante estas jornadas. Infinidad de momentos en los que cuidar la palabra amable, el saludo cariñoso, la caricia, el agradecimiento. Momentos en los que valorar con calma el regalo de la salud y la prueba de la enfermedad. A veces, es difícil verlo, pero todo encaja finalmente, encaja en el plan de Salvación que Dios nos regala.

Señor, que seamos sensibles a las necesidades de los demás, que descubramos que siempre hay algo que hacer y que lo hagamos con finura y bien. 
Haznos, Señor, profundizar en la paz y el silencio del sepulcro, que quedará vacío.


No te rindas. Porque sigues siendo capaz de luchar,
de reír, de esperar, de levantarte, las veces que haga falta.
Tus brazos aún han de dar muchos abrazos,
y tus ojos Verán paisajes hermosos.

J.M. Rodríguez Olaizola, SJ

Lc. 23,50-56.

Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 
Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. 
Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo.
Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.

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