Jornada decimoquinta

(Decimocuarta Estación II) La Resurrección. Lc. 24, 1-12.

Vuelven las mujeres al sepulcro y lo encuentran vacío. Hay sorpresa, admiración, incluso miedo. Recuerdan que ya lo anunció, lo recuerdan y sienten la necesidad de contarlo, de contagiar a otros su entusiasmo, su alegría por la vida. Nada termina, todo comienza de nuevo y  el Hijo de Dios las necesita para seguir caminando en la fe.

Así es, lo importante, lo esencial, no se olvida, se tiene la necesidad de difundirlo, como un auténtico tesoro.

Durante estos catorce días, hemos recorrido juntos, más que una Vía Crucis (camino de la Cruz), una Vía Spei  (camino de la esperanza) camino de la luz, la luz de la Vigilia Pascual que celebramos como culminación del  Triduo.  Y lo hacemos así, en clave de esperanza, de alegría, porque es lo que Dios quiere de nosotros…”No estéis tristes…”.

Durante estos días de recogimiento, hemos podido recordar, pero también “resentir”( volver a sentir), lo que el mensaje del Evangelio hace de nosotros, a valorar lo esencial por encima de lo superfluo, a experimentar intensamente el amor de Dios por el mundo.  El envío “Misio”, del Evangelio, sigue ahí y nuestra labor consiste en generar esperanza para otros, sembrar semillas de justicia, gratitud y entrega.

¡Cristo ha resucitado!…El sol ha salido de nuevo.

Te damos gracias, Señor de Cielo y Tierra y te alabamos porque nos amas y nos convocas a una vida nueva, a un mundo nuevo. Ayúdanos a contemplar tus maravillas y a recordar que el sol sale siempre tras la tormenta.

Lc. 24, 1-12.

El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 
Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.
Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. 
Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.
Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.

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“Te doy gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu amor es amor siempre.
Lo proclamo yo, a quién Tú has salvado,
a quien tú has reunido con otros muchos
que han experimentado que tu amor es amor siempre.
Cuando pasaba hambre y sed de tantas cosas
Y la vida se me iba agotando
a tí grité y me sacaste de la angustia.
Tú derribas del trono a los poderosos
Y enalteces a los humildes;
Tú, a los hambrientos los llenas de bienes
Y a los ricos los despides de manos vacías.
Tú me has liberado, me has dado un pueblo,
Tú caminas con la luz de tu poder,
con la luz de tu presencia.
Porque eres bueno, te doy gracias, Señor
y porque tu amor es amor siempre.
Bendito seas Tú, Dios nuestro,
y alabada y glorificada tu presencia.
Reconozco y canto tus maravillas,
tu bondad y tu amor
que es amor siempre”

Santo Cristo de la Piedad, ruega por nosotros,
Nuestra Señora de la Piedad, ruega por nosotros