Jornada séptima

Jornada séptima (Séptima Estación), Jesús se entrega; Lc. 20, 47-53.

Ante la aparente victoria del mal, de lo malo, aparece la tentación de caer en el desánimo o el derrotismo. Jesús es señor de la situación y no elige el camino fácil. Aceptar que es tiempo de tinieblas, no significa que se rinda.

A cada momento, los medios nos bombardean con visiones apocalípticas y nos impulsan a adoptar posturas extremas. Pero aunque el mal, lo malo, sea cotidiano, hay que luchar por la fe desde el amor, no desde el odio.

Señor Jesús, no nos dejes caer en el arrebato del desánimo y danos la sabiduría de aceptar el mal, pasajero, entre nosotros.

“Dichoso el que cuida del desvalido,
en el día aciago, lo pondrá a salvo el Señor…
….En esto conozco que me amas; en que mi enemigo no canta victoria”
Sal. 41(40)

“Es necesario ser dóciles al Espíritu Santo, no resistirnos a Él,  esta docilidad hace que el Espíritu pueda actuar y seguir adelante para construir la Iglesia”  
Papa Francisco.

Lucas 20, 40-47

Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó un grupo de gente. El que se llamaba Judas, que era uno de los doce discípulos, iba a la cabeza, y se acercó a besar a Jesús.
Jesús le dijo:–Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre?
Los que estaban con Jesús, al ver lo que pasaba, le preguntaron:–Señor, ¿atacamos con espada?
Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote cortándole la oreja derecha.
Jesús dijo:–Dejadlo. Ya basta. Y tocando la oreja al criado, se la curó.
Luego dijo a los jefes de los sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos que habían ido a apresarle: –¿Por qué venís con espadas y palos como si yo fuera un bandido?
Todos los días he estado con vosotros en el templo, y ni siquiera me tocasteis. Pero esta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas.

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