La Noche de la Piedad. Palabras de nuestro Hermano Cabecero.

12 de la noche del Jueves Santo, para unos. 
0 horas del Viernes, para otros. 

Es la noche de la Piedad. Es la misma noche desde aquella lejana del 15 de abril de 1938. Esta noche, Zaragoza es nuestra, de la Piedad. Es la noche del “capirotes abajo”; del “pares a la derecha e impares a la izquierda”; de las palabras del Viceconsiliario, de recordar el hilo de voz de D. Antero; de la oración de los Cristeros entre las varas; de los abrazos emocionados…

Es la noche de los tres golpes del Cetro en el portón de San Cayetano tras la última campanada del Pilar; del sonido de las bisagras al abrirse; es la noche del guion y los faroles anunciando nuestra procesión tras la Sección Montada; de las dos interminables filas de velas; de la Sección de instrumentos más entregada y que mejor sabe hacer oración con ellos; es la noche de la cofradía que introdujo los timbales en la Semana Santa zaragozana; de los bombos legendarios y de los mejores redobles de tambor que ha escuchado esta ciudad; es la noche que comienza con “Tiempo de los tiempos” y después con “Jueves Santo” como preámbulo de lo que va a venir a continuación… 

Es la noche de la salida del Cristo; de disfrutar viendo cómo se baila una peana a hombros con las manos asidas en la espalda y el corazón desbocado de emoción, mientras sólo suena en el mundo -¿acaso se escucha algo más en este momento?- las certeras baquetas del Piquete de Honor y el “solo” de la corneta… Esa corneta…

Es, también, la noche de los mementos, nuestras cruces In Memoriam con los nombres grabados en rojo en su madera y en oro en nuestros corazones, de aquellos cofrades que ya no están entre nosotros pero que precisamente esta noche lo están más que nunca. 

Y es, por antonomasia, la noche de la salida de Nuestra Señora de la Piedad. La noche que los zaragozanos llevan esperando toda la Semana Santa para ver recorrer por las calles de esta ciudad la bellísima imagen tallada en 1871 por el maestro escultor D. Antonio José Palao Marco, que representa a María, joven, al pie de la cruz, con los ojos elevados al cielo y los brazos abiertos en actitud de sereno dolor. Tiene en su regazo a su Hijo muerto, recién descendido de la cruz. Es la noche de contemplar y admirar la que para muchos es la imagen más hermosa de la Semana Santa zaragozana, inspirada en la Virgen de las Angustias de Yecla (Murcia) del imaginero barroco D. Francisco Salzillo.

Es…la Noche. Con mayúscula. Es nuestro punto de inflexión, nuestro 31 de diciembre. Es cuando hacemos balance. Lo expresa impecable nuestro Hermano Mayor en su artículo del folleto que titula “Vivimos para esa noche”: “A veces, parece que vivimos para esa noche, que nuestra vida termina y vuelve a empezar la noche del Jueves al Viernes santo. Es el motor y la ilusión que nos mantiene vivos. Es una bendición tener esa ilusión”. 

Es cuando le damos gracias a Ella por el venturoso año que dejamos atrás o cuando le pedimos mayor dicha para el siguiente. Es cuando rezamos por los enfermos, por los necesitados, por las atenciones de nuestra Secretaría de Caridad, por nuestros antepasados, por nuestros descendientes, por las mujeres de nuestras vidas, nuestras madres, abuelas, hermanas, esposas, hijas, nietas… por nuestras Damas de Mantilla.  

Así que esta noche… la Piedad, por supuesto, va a estar presente. Ni física ni presencialmente en las calles, pero sí en nuestros corazones y en nuestros pensamientos, más potentes e infinitos que la leve realidad. También hoy vamos a procesionar y lo haremos más unidos que nunca. Siempre juntos. Cada uno en su hogar, pero todos unidos por el mismo deseo, el mismo amor a Nuestra Madre y a su Hijo. Va a ser una procesión perfecta, la más multitudinaria que hayamos podido soñar, en perfecta comunión con los cofrades que ya gozan de la compañía de Dios y que, a estas horas, seguro que ya se encuentran preparados junto al regazo de la Virgen de la Piedad.

Lo vamos a hacer tras una Cuaresma totalmente distinta a cualquier otra. Las circunstancias excepcionales que nos está tocando vivir en nuestros domicilios nos ayudan a evocar los cuarenta días que pasó Jesucristo en el desierto antes de empezar su vida pública, dedicado al ayuno y la reflexión. Han sido -lo están siendo aún- días duros, de penitencia.

En esta Semana Santa de 2020 estamos saciando nuestro ardor cofrade -valga la expresión- a base de recuerdos, de fotografías, vídeos, textos, etc., pero… seguro que te pasa lo mismo que a mí: es pensar en la madrugada del próximo 2 de abril, Viernes Santo de 2021, la Virgen de la Piedad asomando por el quicio de la puerta de San Cayetano… y un escalofrío te recorre la piel.

Te invito a que lleno de esa emoción y de esa bendita ilusión, te unas esta Noche a la oración que muchísimos cofrades, juntos, elevaremos a Nuestra Señora de la Piedad pidiéndole que interceda por todos nosotros y por nuestras familias, por los enfermos y por todo el personal sanitario que heroicamente nos protege y, sobre todo, por los fallecidos como consecuencia de esta maldita enfermedad. Que Nuestra Madre los acoja.

Esta Noche no estarás solo. Es imposible. Es la Noche de la Piedad.

Ruega por nosotros, Nuestra Señora de la Piedad.

Francisco Bernad Morcate
Hermano Cabecero