La Piedad caminando por Zaragoza

Caminando hacia el Viernes Santo, verso a verso.
9 de abril de 2020. Jueves Santo.
La Piedad caminando por Zaragoza

Por las estrechas calles -de las pocas
que aún quedan en la vieja Zaragoza-
la cofradía avanza en el silencio
de la noche dormida entre las sombras.

Sólo el ronco tambor y las cornetas
con sordina, que lejos se oyen, osan
romper este silencio denso y triste
que en la noche del Jueves Santo flota.

Por las estrechas calles -tan estrechas
que las casas parece que se tocan-
blanco el sayal y azul el capirote,
la cofradía avanza silenciosa.

De pronto, y hacia el fondo de la calle
apunta un resplandor como de aurora
que, como el día al avanzar triunfante,
va empujando las sombras
y creciendo en fulgor, llena la calle
por la que surge grave y majestuosa
la bella imagen de la Piedad, la Virgen,
entre un halo de luz deslumbradora.

¡Ya está en el Boterón la Virgen Madre
que el Hijo nuestro entre sus brazos porta,
serena en su dolor, fuerte la pena…!
¡Ya está en el Boterón Nuestra Señora
de la Piedad, que a la piedad invita
con su ejemplo de Madre Dolorosa!

¡Ya está en el Boterón…! Envuelta en luces
avanza lentamente en su carroza
por las estrechas calles de aquel barrio
de la típica y vieja Zaragoza.

Han callado el tambor y las cornetas
y en el silencio de la noche ahonda,
desde un balcón, una saeta baja
con ingrávido vuelo de paloma.

Una saeta que en la noche vibra
con cadencias de llanto y de congoja.
Una saeta que en la noche muere
como sombra perdida entre las sombras.

Y otra vez el tambor y las cornetas
baten marcha… La Virgen Dolorosa
con el Hijo en los brazos y entre luces,
pasa, y, tras ella, ciérranse las sombras.

Por las estrechas calles -de las pocas
que aún quedan en la vieja Zaragoza-
la cofradía aléjase escoltando
la imagen de su Madre Dolorosa.

Miguel Sancho Izquierdo