Quinta Semana de Pascua. Dios es amor.

Santo evangelio según san Juan (15,9-11):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

Se ha apuntado, repetidas veces, desde estas líneas que invitan a la oración y el cultivo de la espiritualidad, la importancia de familiarizarnos con el lenguaje simbólico de los textos sagrados. No sólo es esto crucial para garantizar su correcta interpretación sino para facilitar su aplicación a nuestra vida como cristianos.

El mandato del amor o regla de oro, presente en todos los credos y culturas desde antiguo, abre el pasaje (hago con vosotros como han hecho conmigo).

 Jesús habla de amor, permanencia, cumplimiento, alegría y plenitud en estos versículos y, a pesar de parecer sencillo por literal, hemos de extraer de su discurso la idea que nos quiere transmitir. Permanecer en el amor es ser fiel, y ser fiel implica seguir su ejemplo, y su ejemplo es su vida, sus acciones en favor de los olvidados, su coherencia permanente, su aceptación de las consecuencias de defender la justicia.

Jesús es plenamente feliz aún sabiendo cuál será su final entre los hombres y aún así nos invita a imitarle y alcanzar la plenitud, la salvación, que no se halla sólo tras la muerte, que es la definitiva, sino en cada ocasión en que somos capaces de vencer nuestros egoísmos y miedos y entregarnos, en cuerpo y alma, al cumplimiento de esos mandamientos.

Sería bueno ahora, releer los mandamientos  y hacerlo, no como órdenes u objetivos a cumplir, sino como partes queridas del propio ser. Ser conscientes de cada palabra y visualizar (como recomendaría S. Ignacio) lo que suponen en nuestra vida. El amor a los padres, la fidelidad en la pareja, la sinceridad, el respeto a los demás, la participación en la vida de la Iglesia… con todo ello santificamos a Dios, con todo ello encontramos la plenitud y el Amor.

“Haz por aquel que puede hacer por ti, de modo que le induzcas a obrar igual”

Historia del campesino elocuente, Anónimo, Din.XII Egipto antiguo, 1700 circa.

Pedimos a Nuestra Madre que nos de la fuerza necesaria para permanecer en el amor de Dios

“La oración unida al sacrificio constituye la fuerza más poderosa en la historia de la humanidad”.   (S. Juan Pablo II)

La Piedad es Caridad