Quinta semana de Pascua. La Semilla

Lectura del santo evangelio según san Juan (15,12-17):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
12 «Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
13 Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
14 Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
15 Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
16 No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
17 De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Tanto este pasaje como en el del domingo (Jn. 14, 15-21), encierran una revelación y una promesa. La revelación es la de la omnipresencia del Espíritu Santo,  que ha de estar con nosotros (el término Paráclito que aparece en este pasaje en algunas versiones podría equivaler a abogado, protector), protegiéndonos siempre;  la promesa, una vida plena de sentido, si se sigue la ley del amor.

 El Evangelio (la Buena Noticia), ha sembrado en los discípulos, en nosotros, la semilla de una vida nueva. Jesús nos eleva a la categoría de amigos (con todo lo que ello supone), nos hace responsables y nos invita a superar la servidumbre y la esclavitud. En estos tiempos de incertidumbre, la tentación frecuente es la de renunciar a nuestra libertad responsable, casi narcotizados por la avalancha de información que nos llega, pero Jesús nos ha convertido en semilla responsable y consciente de su misión;  dar un fruto que es un mundo nuevo, ofreciendo un testimonio valiente de fe, sin complejos.

Quienes nos han dejado, para ir con El Padre, durante esta epidemia, son semillas de ese mundo que queremos. Hagamos que no caigan en suelo estéril. No olvidemos nuestra responsabilidad.

Haznos ver, Señor, que somos, con la ayuda del Espíritu, la herramienta con la que tú construyes un mundo más justo.

“Debemos pedir al Señor –recuerda el Papa Francisco– que nos haga comprender bien esta ley del amor. Cuán hermoso es amarnos los unos a los otros como hermanos auténticos”.

Papa Francisco, Audiencia general, miércoles 12 de junio de 2013.