El Refugio de la Oración

Bienvenido, hermano. Ya ves, la vida se nos ha cruzado “un poco”. Por ahora, nada de encuentros, nada de celebraciones, nada de abrazos. Es como si el mundo se hubiese paralizado para muchos, pero para los hermanos de la Piedad, para los cristianos todos, nada se para. Lo que vivimos es tan solo una prueba más, una posibilidad más de reforzar nuestra fe, de construir entre todos un mundo en el que el espíritu del Evangelio lo impregne todo. Es tiempo de recogimiento, en parte impuesto, si, pero bienvenido si nos permite trabajar un poquito nuestra  vida espiritual, el encuentro con Dios nuestro padre, con El Cristo, entregado a nosotros y con María, Su madre, nuestra madre.

Desde este rincón, la Cofradía te propone, te ofrece, unas sencillas pautas para el encuentro diario con tu fe, que es la nuestra. Ahora que el reloj casi se ha parado, podemos seguir estando juntos, en comunión, como cuando nos reunimos  a orar en San Felipe… mejor,  seremos más, seremos todos, si te unes.

A modo de recordatorio…

Aunque seamos veteranos en el arte de rezar, no estará de más refrescar, solo a modo de consejo, ciertas indicaciones que podrían facilitar este momento diario. 

Rezamos en Cuaresma para profundizar en la Pasión de Jesús y leerla a la luz de nuestra vida, nuestros proyectos, nuestros aciertos o fracasos, nuestras ilusiones y esperanzas. O más bien al contrario, leer nuestra vida a la luz de la Pasión de Jesús.

Puede ayudarte respetar los cinco puntos que siguen, pero, si te encuentras más cómodo con otro esquema, no lo dudes, a Dios se le encuentra siempre porque es Él quien nos busca.

  1. Petición:
    Es un modo genérico de comenzar, como una salutación a un amigo, la expresión de un deseo profundo.

    TE PIDO, SEÑOR SENTIR PROFUNDAMENTE ESTE ENCUENTRO.

    Cada día puedes formular, no obstante, una petición específica, quizá relacionada con la materia propuesta.

    Un consejo; si notas que te atascas o te distraes, vuelve a esta petición, como un mantra oriental, como un ruego del hijo al Padre.
  2. Desarrollo:
    Te propondremos, cada día un comentario, una reflexión  acerca de un pasaje evangélico. No olvides que es solo una propuesta, si te basta con la primera idea, no hace falta que sigas adelante, Dios nos habla con sencillez. No te mortifiques si se te hace cuesta arriba, quédate con lo que más llame tu atención del texto.
  3. 3. Conversación:
    Habla contigo mismo y con Dios al final, unos minutos para despedirte y agradecer la experiencia vivida.
  4. 4. Oración:
    Termina rezando un Padrenuestro y un Avemaría, despacio, sintiendo lo que dices, queriendo lo que dices, o al menos deseando quererlo.
  5. 5. Recapitulación:
    Evalúa brevemente lo más positivo y lo menos  gratificante del rato de oración, si puedes y quieres, escribe alguna impresión, una palabra que resuena en tu mente, una promesa o petición, no olvides aquello de  “lo escrito, escrito está2 más adelante puede ser bueno releer estas notas para no olvidar.

Grupo de Pastoral.