TERCERA SEMANA DE PASCUA. El Pastor

Viernes, 1 de mayo de 2020.

QUERIDOS hermanos:

Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien,
eso es una gracia de parte de Dios.
Pues para esto habéis sido llamados,
porque también Cristo padeció por vosotros,
dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño en su boca.
Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban;
sufriendo no profería amenazas;
sino que se entregaba al que juzga rectamente.
Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño,
para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia.
Con sus heridas fuisteis curados.
Pues andabais errantes como ovejas,
pero ahora os habéis convertido
al pastor y guardián de vuestras almas.

El domingo de esta tercera  semana de Pascua, la segunda lectura es de la primera carta de Pedro (2, 20-25).

Y el Evangelio de Juan 10, 1-10 nos muestra la misma referencia al pastor y su rebaño.

Una vez más, las enseñanzas de Jesús revisten un carácter fuertemente simbólico, mucho más acusado en Juan, pero presente en los dos pasajes. El maestro, y por su inspiración el evangelista, usan un lenguaje propio para los destinatarios de un tiempo y cultura, que no son los nuestros, pero que permiten la misma lectura esperanzada. Los discípulos parecen no entenderle, algunos le tachan de loco pero, en el fondo, la adhesión a su causa ya es firme. El mensaje es sencillo, el testimonio vital de Jesús, El Cristo,  constituye la puerta de la salvación, su imitación es el único camino para la salvación, para alcanzar la felicidad plena.

Sentirnos miembros de la comunidad, del rebaño, confiando en el Pastor, pero sin “adocenarnos”, sería una posible enseñanza, y soportar los sufrimientos, encontrando en el servicio a los demás suficiente recompensa, sin mortificarnos ni pedir cuentas, la otra.

El espíritu de la Resurrección de esta tercera semana, sigue siendo patente en estos pasajes que nos invitan a perseverar, con alegría, en la  práctica diaria de las enseñanzas de Jesús, confiando en Él como “Buen Pastor”, guía de nuestras vidas.

Señor, ayúdanos, como a tu siervo Job, a soportar los sufrimientos alabando tu Nombre.

 “La Iglesia necesita conformar siempre su conducta con el modelo del buen Pastor, dejándose guiar con docilidad por el Espíritu Santo”.
Benedicto XVI.