Tríptico de Sonetos

Caminando hacia el Viernes Santo, verso a verso.
6 de abril de 2020. Lunes Santo.
Tríptico de Sonetos

I La procesión

Ecos tristes de pífano y tambor…
capirotes que enfilan las estrellas
para clavar el pico en las más bellas
y poner en la peana su fulgor…

Allá viene la Madre del Señor
buscando en su Piedad dulces querellas
a las almas ingratas, aun aquellas
que más ofenden su precioso amor.

Cofrades blancos, con la flor al pecho
de una rica venera ensangrentada,
y, en los labios, silencio de oración.
Siente el alma un deseo insatisfecho
de consolar a la Desconsolada,
después de ver pasar la procesión.

II El Vía Crucis

Reviven las callejas escondidas
con un frío temblor de madrugada,
y contemplan la típica barriada
apenas unas luces ateridas.

Figuras de otro mundo desprendidas,
rezan, cantan y lloran. Derribada
la silueta, en el polvo arrodillada,
besa en la noche azul las Tres Caídas.

Y en esa grave piedad de los cofrades
que hacen su Vía Crucis en la noche,
embalsama las calles de fervores,
purifica el ambiente de maldades,
y pone a la Señora un rico broche
de perlas y amatistas, las mejores.

III El Ejercicio de la Piedad

Sumida está la Virgen en su pena.
Tiene en los brazos el cadáver yerto
del Hijo más amable, que hoy ha muerto.
Y está la Madre de dolores llena.

Mas sola, no, ni a su dolor ajena
la compasión filial; porque si es cierto
que cobarde huyó Juan allá en el huerto,
volvió junto a la Cruz con fe serena.

Los hijos que esta noche la rodean
en el templo devoto y silencioso,
ser sus fieles discípulos desean,
y, con ánimo fuerte y amoroso,
a la Virgen Purísima se llegan,
contemplan su Piedad, y a ella se entregan.

Elisa Sancho Izquierdo, de nuestro concurso literario de 1950.