Querido diario:
Estas cosas que te voy a relatar ocurren en la cofradía de la Piedad siempre a primera hora de la mañana. Normalmente a la hora del desayuno. Sucede que más o menos en esa franja el Boletín Oficial del Estado (a partir de ahora el BOE) hace públicas las resoluciones que suele recoger todo BOE que se precie. ¿Y qué se me ha perdido a mí en tan enjundiosa publicación institucional? Pues que en el del 25 de marzo viene publicado que la cofradía de la Piedad va a sacar a la calle, por intercesión de la Virgen, a una reclusa (la cosa tiene su importancia porque conviene recordar que la primera mujer que la Piedad puso en libertad fue a finales de los años cincuenta) que recuperará la libertad en las próximas horas. Te cuento, querido diario, sin ánimo de exagerar, que pocos momentos en la Piedad son tan trascendentes y de tanta importancia humana, como el que estamos viviendo hoy en esta santa casa casi en directo, casi al minuto. ¿Hay algo comparable a la libertad para un ser humano? Nada. Tal vez la propia vida. Pero, ¿la vida sin libertad es vida?
Eso mismo pensaron los cofrades de la Piedad de principios de los años cincuenta, cuando en una madrugada del Viernes Santo escucharon el lamento de una saeta que descendía desde uno de los balcones de las primeras casas del Boterón. Aquella voz femenina, poderosa en su dolor, desgarradora en su petición, le rogaba a la Virgen intercesión para que un padre recuperase la libertad y volviese a su casa, con su familia. Aquel canto, aquella voz, dejaron honda impresión en la Piedad. Y sus cofrades investigaron por el viejo barrio su procedencia, su realidad. La respuesta, como en tantas otras ocasiones, estaba detrás de las gruesas puertas del monasterio. Efectivamente, las comendadoras de la época conocían a la persona y conocían su historia. Y la verificaron. Aquel canto fue una saeta que se clavó profundo en el alma de la Piedad. Tanto, que puso a uno de los suyos, (don Roberto Gracia y García, que con el tiempo sería Hermano Secretario, después Hermano Mayor y con más tiempo Hermano Mayor Honorario) a trabajar en el asunto y a elaborar un estudio profundo en el que se argumentara un protocolo con el que solicitar al gobierno el indulto de un preso cada Semana Santa por intercesión de la Virgen.
La idea prosperó, el deseo se cumplió y los indultos fueron llegando, sucesivamente: primero en los años cincuenta y sesenta y con más dificultades durante los siguientes veinte años. Hasta que en 1994, siendo Hermano Mayor don Santiago Gonzalo, se estableció una conexión magnífica con la institución del Justicia de Aragón, que ha continuado hasta el día de hoy, y cuya titularidad correspondía en aquel momento a don Juan Montserrat Mesanza. Hombre culto, mesurado, cercano, justo y aragonés. Como debe ser un Justicia en esta tierra. También, con su familia, viejo por antiguo cofrade de la Piedad. Y así desde entonces, Jueves Santo tras Jueves Santo, aquel viejo y querido y apasionado anhelo de la cofradía de romper las cadenas, fue cumpliéndose sin apenas interrupciones hasta el año 2019. Cuando el sueño se detuvo hasta la Semana Santa de 2023, después la de 2025 y… hasta la mañana de este miércoles de Pasión.
El BOE me dice que una reclusa que cumplía condena por un delito de carácter económico ha recibido la gracia del indulto concedida por el Consejo de Ministros reunido el pasado 24 de marzo. Pero eso, para un cofrade de la Piedad como lo soy yo, son únicamente palabras. Porque mis hermanos y yo y mi cofradía entera sabemos que si hoy Daniela vuelve a caminar sin ataduras por la calle es en realidad porque Nuestra Señora de la Piedad ha puesto sus dulces ojos en ella. Y le ha devuelto la libertad. Gracias, Madre.
Pd: Y no estaría bien marcharme sin darle las gracias y tener un recuerdo cariñoso para esa gente buena y comprometida del Centro de Inserción Social ‘Las Trece Rosas’, sin cuya cercanía y trabajo todo sería más difícil para nosotros.
En ocasiones me preguntan para qué sirve ser de la Piedad en este siglo XXI ya tan avanzado, yo entonces pienso en días como el de hoy, sonrío y sigo mi camino.
Hasta pronto, querido diario.
(Continurá…)









